La infraestructura verde es una de las herramientas más importantes para hacer a una ciudad resiliente, es decir, capaz de resistir y adaptarse a fenómenos naturales extremos, como lo son las lluvias y tormentas, que para algunas regiones son cada vez más severas, y que tienden a dejar devastación e inundaciones que paralizan a las ciudades por horas o días enteros, especialmente en las zonas costeras.
Asimismo, esta es una necesidad para las ciudades que sufren de escasez de agua. La infraestructura verde son todas aquellas infraestructuras y elementos que protegen el cauce del agua cuando llueve, permitiendo que penetre al subsuelo, para recargar los mantos acuíferos, evitando desplazar el agua a otras cuencas (o a otros países en el caso de ciudades fronterizas).
Pero aparte del tema del agua, la infraestructura verde también sirve para servicios ecológicos de todo tipo, como protección de barrancas, de primeras dunas de las playas, de laderas peligrosas de cerros, e incluso como herramienta de climatización para ciudades con calores extremos.
La traza de una retícula intraurbana de infraestructura verde interconectada permite también el tránsito y la preservación de flora y fauna de todo tipo, que se propaga en armonía con la ciudad construida, resultando en gran diversidad biológica dentro de las ciudades, pájaros, ardillas, o en el caso de Tucson, conejos, correcaminos, coyotes, codornices, cardenales, tecolotes, e incluso, gato montés (wildcat) y pumas, todo tipo de animales que se aprecian diario paseando por los parques, sin agredir ni lastimar a los residentes, al menos no mas allá de un breve susto, bajando de las montañas de la ciudad hasta los arroyos, sin darse cuenta que están ya en pleno centro de la ciudad de Tucson.









